Esta mañana, como todas, revisé la página de El Comercio (para los que no son peruanos, éste es el diario de mayor circulación en Perú; los que son peruanos saben que esto no es verdad y que el diario de mayor circulación es El Chino) y me topé con una noticia que califica como noticia bizarra.
Aquí les va (el comentario lo dejo para el final):
Empresa holandesa recicla grasa humana para galletas para el Tercer Mundo
22:38 | La fundadora de Irfak, Mieke Smits, explica que su compañía envía los productos a regiones con problemas de alimentación a causa de situaciones de guerra
La Haya (EFE).- La empresa holandesa Irfak recicla la grasa humana sobrante de liposucciones para elaborar galletas y otros productos alimenticios para enviar a países en vías de desarrollo, según reconoce la propia empresa.
El programa de actualidad de la televisión holandesa "Netwerk" ofrecerá hoy un reportaje especial sobre la actividad de esta empresa.
En su página de Internet, la fundadora de Irfak, Mieke Smits, explica que su empresa "recicla grasa humana y la transforma en alimentos que se exportan a países del Tercer Mundo" o a regiones con problemas de alimentación a causa de situaciones de guerra.
Smits explica que, por ejemplo, uno de sus productos, cerrado herméticamente para poder ser distribuido incluso en las situaciones más adversas, está compuesto de un "50 por ciento de grasa humana, otro 50 por ciento de azúcar y una enorme cantidad de vitaminas añadidas".
En una entrevista concedida a la televisión local del sur de Holanda, L1Tv, Smits deja ver el contenido de una bolsa que contiene "la grasa de nuestro primer ganador de nuestra promoción para conseguir donantes".
"La gente puede inscribirse a través de nuestra página de Internet y ganar una liposucción", que se sortea una vez cada medio año, según la web de la empresa.
Irfak colabora ya desde hace dos años con la clínica de cirujanos cosméticos "Van Gerven & Van Iersel", que son los que realizan las liposucciones sorteadas.
Buena manera de reciclar recursos naturales (¿la grasa humana es un recurso?), pero bastante rara. El único comentario apropiado lo dijo Charlton Heston en 1973, adelantándose a su época: "Soylent Green is people!" Personalmente, siempre sospeché de las galletas Chomp; incidentalmente, son mis favoritas.
Para los lectores interesados y que sepan holandés (dos conjuntos que probablemente tengan intersección vacía), esta es la página web de la empresa IRFAK: http://www.irfak.org/.
1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.
Cuando eres un niño pequeño, de cinco o seis años de edad, no deberías ver películas de terror. Punto.
Esto lo sé por experiencia propia. De niño vi todas y cada una de las películas y series de terror que la televisión peruana de fines de la década de los ochenta me ofrecía. Algunas escenas quedaron marcadas hasta el día de hoy:
- En Return of the Living Dead (1985), la escena en que el cadáver zombie de una mujer explica que busca comer cerebros porque morir duele (puede sonar inofensivo ahora, pero pongan esa escena en la mente de un niño de cinco años...). - En Poltergeist (1982) -que, dicho sea de paso, fue co-escrita por Spielberg-, cuando el payaso de juguete ataca a uno de los niños protagonistas y lo arrastra debajo de la cama y cuando uno de los personajes secundarios imagina frente al espejo cómo la carne se despega de su rostro. (Algunos años después, cuando mi abuela me regaló un muñeco de payaso idéntico al de la película, no tuvieron mejor idea que colocarlo justo frente a mi cama, permanentemente mirándome. Más de una vez le cayó un almohadazo bien dirigido.) - Algunos episodios de la nueva y antigua serie La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone), y su canción de opening, que Lovecraft probablemente describiría como pavorosa. Recuerdo especialmente tres episodios:
En el primero, una epidemia de gripe se extiende en un pueblo, tras la llegada de un hombre misterioso. Luego de algunas semanas, todo el pueblo está infectado, excepto un habitante que había permanecido en casa durnte todo ese tiempo, sin contacto con el resto. Una noche, todo el pueblo, transformado en monstruos debido a la aparentemente inofensiva gripe, sale de sus casas para matar al único no infectado.
En el final de otro episodio, la abuela de una familia termina convirtiéndose en una bruja, pero esto sólo se le revela el espectador, no a los miembros de la familia.
Del tercer episodio, sólo recuerdo la frase final: "el monstruo está en el atico". Durante todo el episodio, un grupo de personas había tratado de acorralar al monstruo que habitaba una casa. Al monstruo no se le ve una sola vez en todo el episodio, pero finalmente logran acorralarlo en el ático de la casa. La frase final de esta historia coincidió con la llegada de mi mamá a la casa; cuando me dijo "hola" establecí mi marca personal de salto alto.
Recuerdo también haber visto la serie presentada por Hitchcock (Alfred Hitchcock Presents) y lo que en Perú se conoció como La Hora Macabra (Ghost Story). La canción del comienzo de la primera y la publicidad de la segunda (en canal 9, para los peruanos) eran suficientes para apagar el televisor.
Ahora, Poltergeist, lo confieso, me jodió el cerebro. Probablemente toda mi consecuente fascinación con el terror en forma de cine, literatura, comics (y en la vida real) se la deba a haber visto esa película. Verla, a los cinco años, fue el equivalente al primer fix de una sustancia adictiva (digamos, para ser zanahorias, la primera vez que uno toma Coca-Cola). Me dejó queriendo más.
Pero el efecto no fue inmediato. La primera reacción fue desarrollar un miedo (ver definición al inicio de este post) antes inexistente a la oscuridad, que eventualmente superé, y otro a lo que puede estar detrás de las puertas, detrás de las cortinas, detrás de mí mismo. Este último es un miedo que está bajo control, pero que dudo que algún día desaparecerá. (Y esto lo digo, simplemente, porque, con todo lo improbable que puede ser, realmente existe una probabilidad distinta de cero de que haya algodetrás de esa puerta, o algo detrás de mí. En palabras del gran Kurt Cobain: "Just because you're not paranoid doesn't mean they aren't after you.")
El miedo a lo desconocido e inmaterial se encuentra muy dentro de nosotros y tiene una explicación bastante coherente como mecanismo evolutivo de prevención: si eres un Cro-magnon en búsqueda de comida y te sientes de pronto amenzado por la presencia de un depredador al que puedes oír, pero no ver, entonces es útil que tengas miedo y corras para salvarte. (Aprovecho para decir que, si a alguien le interesa qué hubiese pasado si descendiéramos de los Neanderthal, y no de los Cro-Magnon, lean la trilogía The Neanderthal Parallax de Robert Sawyer.) Pues bien, el hecho es que Poltergeist llevó este instinto a un nivel de overdrive dentro de mí y, cuando recuperó sus niveles normales, me dejó con un apetito insatisfecho por el terror.
Ahí comenzó mi fascinación por las películas de zombies, por ejemplo. A esta época pertenecen los clásicos Night of the Living Dead (1968) y sus secuelas (los remakes saldrían muchos años después), de George A. Romero; Re-Animator (1985), de Stuart Gordon; Pet Sematary (1989), basada en el libro del mismo nombre de Stephen King, publicado en 1983; The Evil Dead (1981), dirigida por Sam Raimi, el que sería director de la trilogía de Spider-Man veinte años después. Cuando descubrí que en la serie de videojuegos House of the Dead podía poner en práctica los años de experiencia visual eliminando zombies, inmediatamente me volví asiduo jugador: descubrí que pocas cosas relajan más después de una semana de trabajo que apuntar directamente a la cabeza de un zombie. ¿Un poco salvaje y violento? Sí, lo admito. Pero inmensamente gratificante.
Años después, hurgando en una librería de la cadena Gandhi en Ciudad de México, descubriría a H.P. Lovecraft y el mito de Cthulhu. Ya antes, en el colegio, había leído Carrie de Stephen King, pero Lovecraft realmente entendió cómo generar terror: muestra lo mínimo indispensable, suficiente como para crear en el lector la sensación de que lo que se le está describiendo es un elemento que se encuentra fuera de la realidad conocida. Lovecraft no habrá sido un revolucionario en la literatura, pero sí llegó a convertirse en el ícono del género de horror. Si les interesa, lectores, recomiendo dos de sus más conocidas historias: At The Mountains of Madness (1936) y The Thing on the Doorstep (1937).
Durante años, he podido ver plasmados en las películas y libros de horror parte de los miedos de mi infancia. Algunos de estos miedos siguen hasta hoy, más controlados, digeridos y pensados, pero todavía presentes. Mi fascinación con el horror responde a una búsqueda, fuera de los sueños, de la presencia de lo surreal en la vida normal. Las situaciones improbables y sus efectos en una persona, un grupo o en toda la humanidad es un tema que no está restringido sólo al género de horror, pero que sí ha sido explorado (notablemente, por Romero) utilizando sus técnicas. Fuera del horror, el mejor explorador de situaciones improbables que he encontrado es José Saramago, escritor portugués, ganador del premio Nobel de Literatura y autor de novelas como Ensayo Sobre la Ceguera (sobre una epidemia de ceguera), Las Intermitencias de la Muerte (sobre un país donde la gente deja de morir) y Ensayo Sobre la Lucidez (sobre un país donde todos votan en blanco en las elecciones presidenciales). (En Ensayo Sobre la Ceguera, curiosamente, no es difícil hacer comparaciones con los eventos típicos de películas de zombies.)
El tema del horror es amplio y el de lo surreal, aún mas. Todavía me falta mucho por ver, desde Fellini hasta las películas gore italianas, y mucho por leer. El hambre -no de cerebros, sino de terror, en este caso- está lejos de haber sido calmado.
Para terminar, los dejo con una de las frases más famosas de Lovecraft, la primera línea de The Call of Cthulhu:
"The most merciful thing in the world, I think, is the inability of the human mind to correlate all its contents. We live on a placid island of ignorance in the midst of black seas of infinity; and it was not meant that we should voyage far."
Las preguntas para ustedes, lectores, son esta vez: ¿Qué películas de terror recuerdan especialmente? ¿Libros? ¿Páginas del Necronomicon?
De cuando en cuando me topo con alguna noticia que me llama la atención de manera especial por ser distinta a las noticias usuales sobre accidentes de buses interprovinciales, huelgas y desgracias políticas a las que uno se acostumbra si nació en tierras peruanas. Estas noticias van más allá de lo ordinario y cotidiano para mostrar realidades distintas, a veces abominables, a veces cómicas y muchas veces surreales. Varias veces he pensado que estas historias, escondidas entre la avalancha de noticias que recibimos a diario, podrían servir como punto de partida para una noveleta o un cuento corto.
Por todo esto, inauguro una nueva sección en el blog: la noticia bizarra. Cada vez que encuentre una noticia que crea que cae en esta categoría, la postearé (en cualquier momento me caen los ninjas de la RAE) aquí para que compartan. Si ustedes encontraran alguna noticia que les impacte de esta manera, siéntanse libres de hacerlo saber a través de un comentario.
Aquí va, pues, la primera noticia bizarra:
13:38 | Uno de los sobrevivientes dijo que los traficantes nigerianos arrojaron a sus compañeros de viaje porque 'daban mala suerte'
Roma (EFE).- Las pesquisas realizadas en Italia que han supuesto el arresto de cinco presuntos traficantes de personas han desvelado la dramática travesía de un grupo de africanos que fueron maltratados, torturados y trece de ellos arrojados vivos al mar.
El fiscal de Siracusa (Sicilia), Ugo Rossi, encargado del caso calificó hoy de "espeluznantes" los detalles del viaje.
El pasado 11 de setiembre desembarcó en las costas de Sicilia una barcaza con 59 inmigrantes, la mayoría nigerianos, quienes dieron cuenta a las autoridades de la muerte de 13 personas durante la travesía, lo que llevó a la policía a detener a Tony Waychey, de 26 años, como presunto jefe de la banda de traficantes.
Las investigaciones que siguieron llevaron hoy al arresto de otros cuatro de los viajeros, quienes hasta ahora se encontraban en el centro de acogida temporal de Cassibile (Sicilia) junto al resto de los inmigrantes.
Rossi indicó que los supervivientes explicaron en los interrogatorios cómo los traficantes arrojaron vivos, uno a uno durante la travesía, a 13 de sus compañeros de viaje porque "daban mala suerte".
Según el fiscal, el motivo de arrojar vivos a los inmigrantes era que "faltaban víveres", pero los traficantes se inventaron la excusa de la superstición para aligerar la abarrotada barcaza.
Los inmigrantes testificaron que los traficantes les ataban, pegaban y les obligaban a no dormir para que cantasen oraciones tribales con el fin de alejar a los demonios.
A quien se oponía o protestaba por la falta de comida o agua, según el relato de los inmigrantes, se le acusaba de estar poseído por el diablo y de dar mala suerte y se le arrojaba por la borda.
En uno los testimonios recogidos por la fiscalía, un superviviente contaba cómo su amigo Osamede, al que conoció en Libia, donde les reunieron antes de zarpar, un día se sintió mal y empezó a delirar.
"A la mañana siguiente, Osamede ya no estaba en la barca y las siguientes noches desaparecieron también dos de sus amigos", se lee en el testimonio.
El fiscal añadió que la "montaña de pruebas" que han recogido serán suficientes para una dura condena contra los cinco nigerianos detenidos.
Una de las características del ser humano que lo ha convertido en uno de mis animales favoritos (debajo del ornitorrinco y del kiwi, pero definitivamente por encima del caballo) es su capacidad para inventar juegos.
Jugar no es una actividad exclusiva de los humanos; de hecho, es un útil mecanismo para que las crías de muchas especies se entrenen en las técnicas que les permitirán sobrevivir. Basta ver cualquier documental donde primero enfocan a las crías de tigre cándidamente persiguiéndose entre ellos y en la siguiente toma están almorzando la cebra a la que acaban de saltarle encima.
Sin embargo, a veces jugamos, aparentemente, por el mero hecho de jugar y la satisfacción que produce completar una tarea -"ganar el juego"- cuya dificultad radica en que tiene que realizarse siguiendo un conjunto de reglas cuya finalidad es que la compleción del juego no sea una tarea trivial, o sea, que el juego no sea fácil y aburrido.
(Como nota aparte, uno tendería a pensar que sólo los seres humanos juegan por satisfacción, pero resulta que los delfines acostumbran a crear anillos de aire bajo el agua y jugar con ellos. Entren aquí para ver un video de esto. Si van al delfinario del hotel Los Delfines y tienen suerte, verán a Yaku y Wayra haciendo lo mismo.)
Bueno, y si de inventar reglas se trata (y de romperlas, también), el ser humano se lleva el premio. Lo interesante es que, a excepción de algunos, la mayoría de nuestros juegos más populares son en esencia sencillos. El fútbol, por ejemplo, consiste en que dos equipos, de once personas cada uno, traten de meter la pelota en el arco del equipo opuesto sin usar las manos, a excepción del jugador llamado "arquero", que puede usarlas, y que tratará de impedir el ingreso de la pelota en el arco de su equipo. El golf consiste en tratar de meter la pelota en dieciocho hoyos, golpeándola con un palo, en el menor número de golpes. El ajederez ... bueno, ahí tienen un juego complicado. Personalmente, prefiero las damas (pun intended).
Sin embargo, los juegos de los que quería tratar en este post son los juegos propios, los que cada uno de nosotros inventamos, con más frecuencia durante nuestra niñez. Me refiero a los juegos improvisados, los que inventaban con sus primos un sábado por la tarde, en casa de la abuela. O los juegos que inventaba uno cuando estaba solo, como caminar sin pisar las líneas de la vereda o resistir tanto como se pueda debajo del agua en la piscina. Algunos de los juegos que inventamos de niños se quedan con nosotros, a veces mutan con el tiempo, y llegan a formar parte de nuestra personalidad.
Lo de no pisar las líneas de piso al caminar es un juego que todavía practico, igual que el de aguantar la respiración bajo el agua, pero hay un par de juegos muy personales que vengo jugando desde que era un pipiolo (como diría Cristina).
El primero es jugar con los números que uno se encuentra en la calle: en las placas de los carros, en los números de casas, en los números de teléfono de avisos publicitarios y en todo cuanto uno pueda fijarse. (Para esto, ser peatón es una ventaja, pues así uno pone la vida en manos del chofer de turno y se dedica a menesters importantes, como leer, pensar en el almuerzo, en que va a llegar con las justas para ver Dr. House y en jugar con los números.)
Usualmente, lo que hago es sumar dígitos de un golpe vista y, tras probar si la suma de sus dígitos es divisible entre tres, saber si el número también lo es. A veces, el cerebro pide más reto y se prueba la divisibilidad entre 7 y hay que complacerlo, porque el cerebro tiene siempre prioridad. Ya cuando uno pone más empeño, se cambian las sumas por multiplicaciones y ahí la velocidad baja un poco. (Si uno es físico, además, los números sirven para calcular las finanzas personales, lo cual inevitablemente lleva al dolor en el fuero interno.)
Si uno busca un reto, podría intentarse algo como lo siguiente (gracias, http://www.xkcd.org):
pero confieso que no he llegado a extremos tales. (A ver, pues, si son tan valientes traten de factorizar números arbitrarios de cuatro dígitos en la cabeza.)
Algo curioso es que, a través de los años (no hay muchos, ah, sólo veinticinco) me he dado cuenta de que jugar con los números de la calle es un hábito desarrollado individualmente por varias de las personas que conozco. Incidentalmente, la mayoría de personas que conozco son ingenieros o físicos ...
El segundo juego que me acompaña desde la niñez es un poco más complicado de explicar. Consiste, básicamente, en imaginar situaciones poco probables y cómo actuaría en ellas. Por ejemplo, cuando estaba en el colegio pensaba qué haría si un grupo de terroristas armados entrara a los salones (advertí que eran situaciones poco probables ... aunque en los ochentas, en Lima, quién sabe). Veamos: obviamente, resistirse estaba fuera de consideración, así que había que imaginar dónde esconderse. ¿Baños? No, muy fácil. ¿Almacenes? No, si yo fuese terruco, buscaría ahí más rehenes, o metería ahí a los más rebeldes. El mejor sitio, después de cuidadoso análisis, resultó ser unos estrechos conductos que cruzaban el techo del salón y donde cabía, como máximo, una persona. El plan no era perfecto, claro, porque sin agua ni comida, mucho no podía durar ahí, pero algo era algo.
De lo anterior pueden concluir dos cosas:
siempre quise seguir los pasos de John McClane (yippee ki-yay, motherfucker) de Die Hard; y
me aburría como bestia en el colegio (al menos antes de cambiarme).
Curiosamente, el autor de xkcd aparentemente tiene el mismo tipo de fantasías con situaciones improbables:
Así que, donas y cavallers (estando en Valencia, hay que aprender un poquito de catalá), ¿inventaban ustedes juegos en su chiquitud? ¿Si lo hacían, en qué consistían? ¿Los siguen jugando?
Esta imagen la encontré en Geekculture y me pareció demasiado buena como para no ponerla aquí: La imagen me recuerda un poco a mis pesadillas: en ellas todo es exactamente igual a como es en la vida real (bueno, hay que llamarla de alguna forma), pero un detalle insignificante, incompatible con el resto, hace que me de cuenta de que algo está mal (cosas sutiles como una persona diestra escribiendo con la mano izquierda o el perro del vecino viviendo en mi casa) y que lo que sea que esté sucediendo tiene que ser no-real.
Como no me han hecho una propuesta como la de la figura de arriba, me siento un poco más seguro, por ahora, de no ser un cerebro en un tanque con agua, tipo Futurama:
Pero uno nunca sabe, claro. Lo único bueno de ser un cerebro conectado a un gran sistema de simulacion (una especie de Second Life, pero con mejor resolución... y con olores y sabores) es que podría algún día decir "I know kung-fu", como Neo. Por supuesto, sin brazos ni piernas, no serviría de mucho.
Entre artículos, gráficas, FORTRAN y trámites de visa (me voy a Valencia en diez días), últimamente no he tenido tiempo de escribir. Culpo, por supuesto, al gobierno - creo que Sofocleto (¡grande, maestro!) creería que esta es buena idea.
A falta de suficiente tiempo para escribir un post más largo -espero poder hacerlo este fin de semana-, aquí va algo que tenía en la cabeza desde hace unas semanas.
Todos los limeños hemos visto las inscripciones pintadas en la retaguardia de combis y taxis y que incluyen frases célebres como
- "Guíame, Sr. de Muruhuay" - "En memoria de mis padres" - "Britni y Yonatan"
y joyas literarias afines. Bueno, se me ocurrió compilar una lista (ya lo dije, me gustan las listas) de las mejores de estas frases. Mi corta lista por ahora incluye tres de estas maravillas. Deslúmbrense, a continuación, con estas perlas urbanas:
- "El buen amante nunca se enamora" (este taxista dobletea como gigoló) - "El caballero de la noche" (combi manejada por un heroíco -y guatón- chofer) - "Muchas gracias antepasados" (generalización del arriba mencionado "en memoria de mis padres", porque uno nunca sabe qué pariente muerto le va a jalar las patas)
Espero que la lista crezca con el tiempo, pero dudo que encuentre tamaña proeza lírica en el sistema de transporte público de Valencia.
A ver, lectores, ¿qué frases del limeñísimo transporte público se han quedado para siempre grabadas en su corteza cerebral?
En una de mis búsquedas en YouTube, encontré este video de U2 tocando With or without you en Paris, en 1987, el mismo año de la salida de su disco The Joshua tree. La calidad del video no es la mejor (muchachos, era 1987), pero es más que suficiente para que se den cuenta de que ésta tiene que ser una de las mejores presentaciones en vivo de U2, al mismo nivel que el concierto en Belfast en 1983 (y la famosa línea de Bono, "This is not a rebel song, this is Sunday bloody sunday").
A la mitad de la canción, Bono detiene la música y hace un pausa para dirigirse al público porque habían lanzado gas lacrimógeno en las primeras filas. Un minuto después, retoma With or without you desde donde se había quedado. Definitivamente, la mejor interpretación en vivo que he visto de esta canción.
Físico de carrera y vocación. A veces escribo. A veces, lo que escribo, lo publico. En mis ratos libres, leo compulsivamente (ficción, no ficción, comics, algunos manga, envolturas de golosinas y boletos de micro), voy al cine e ingiero cantidades seguramente nocivas de café.