domingo, 3 de abril de 2011

Los libros del 2010

El año pasado fue, principalmente, una pausa, una sucesión de semanas de espera plagadas de cambios en los patrones de insomnio. Durante él, poco nuevo comenzó y sólo dos cosas terminaron, una de las cuales fue la maestría. Digamos que, si tuviera que escribir mi biografía, el capítulo dedicado al 2010 acabaría casi todo dentro de paréntesis.

Fuera de paréntesis, sin embargo, escribiría -en cursivas y negritas- sobre el descubrimiento más feliz del pasado año: los griegos. Difícilmente uno pasa por el colegio y la universidad sin haberse encontrado, al menos de pasada y a lo lejos, con Esopo, Homero, Sócrates, Platón o Aristóteles, pero mi conocimiento de ellos y del mundo griego antiguo no llegaba más allá de lo que aprendí en los cursos de filosofía y teoría del conocimiento, y en alguna que otra lectura, como la del excelente El mundo de Sofía de Jostein Gardner. Así que cuando un día cualquiera, en mis habituales incursiones a los estantes de El Crisol, me topé con un volumen doble de la Defensa de Sócrates y el Critón de Platón, una parte de mi cerebro le susurró a otra el equivalente químico de la frase "ya toca, ¿no?".

Platón resultó ser un maestro de claridad en comparación con los escritos de Kant y Hegel que alguna vez leí y que me parecieron, de entrada, innecesariamente oscuros. Después de Platón, decidí leer a los griegos en orden cronológico, comenzando por las fábulas de Esopo, continuando con la mitología de Homero, Hesíodo y Apolonio de Rodas y luego con el teatro clásico de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes, para finalmente volver a la filosofía, con los presocráticos, Platón, Sócrates, Aristóteles y los demás. Ese ha sido el plan. El 2010 lo dediqué a las fábulas y la mitología, mientras que el año actual lo estoy dedicando al teatro y, si las musas lo permiten, a la filosofía.

Es interesante encontrar en escritos de hace 2 500 años que las pasiones y motivaciones de entonces son las mismas que las de ahora. Lo esencial en el hombre, parece, ha permanecido invariante. Evidentemente, las herramientas y técnicas que usamos han cambiado y hemos pasado por varios estadíos en la percepción que tenemos de cuál es nuestro lugar en el universo, pero narraciones como la del enfrentamiento entre Áyax y Héctor, la conversación entre Aquiles y Príamo, y el reencuentro entre Odiseo y su nodriza al regresar a Ítaca, nos conmueven ahora como lo hicieron hace más de dos milenios y medio a los griegos. Leer a los griegos es participar de los inicios de la gran conversación que empezó en la Atenas del siglo V A.C., continuó en la Roma antigua, se redujo a un susurro en la Edad Media, reencontró su voz en la Ilustración y el Renacimiento, gritó furiosa durante la revolución francesa, se ordenó en Inglaterra y Alemania, y que continúa hasta hoy, sin visos de decaer.

* * *

A continuación, lector, como lo hice con los libros del 2009, está la lista de mis doce libros favoritos del 2010, seleccionados de un total de ochenta y ocho leídos. No sólo están los griegos, sino también dos latinos, un argentino y un estadounidense, además de un par de novelas gráficas. Si esta lista sirve de algo además de satisfacer mi gusto por las listas (se me ocurre que fácil las listas son algo así como el gen egoísta de Dawkins, pero en versión escrita), que sirva para picarles la curiosidad y para que, si se encuentran con alguno de los libros que menciono, le den una oportunidad.

1. Todos los fuegos el fuego (Julio Cortázar, 1966)

Este fue el primero del año. De Cortázar había leído las principales colecciones de cuentos, excepto ésta. Con tramas subyugantes y ejecuciones impecables, los cuentos de esta colección están entre los mejores que he tenido la suerte de leer. De entre los ocho cuentos, tres han quedado en mi memoria. En el primero, La autopista del sur, logradísima metáfora sobre las relaciones humanas, un gran embotellamiento ocurre en la autopista entre Fontainebleau y París, en las afueras de esta última. El embotellamiento dura varios meses (¿recuerdan esto?), durante los que los automovilistas se conocen, traban amistades, forman clanes, se enemistan, se enamoran y, algunos, mueren. Un día, de pronto, los autos comienzan a andar, el embotellamiento se disuelve y las relaciones que se habían formado terminan repentinamente. El segundo cuento, La salud de los enfermos, narra cómo la familia le oculta a la madre la muerte del hijo querido, escribiendo cartas falsas a nombre de éste durante un tiempo prolongado, hasta el punto de que la familia entera comienza a creer que el hijo sigue vivo. Por último, en La señorita Cora, somos testigos de la relación entre Pablo, un adolescente internado en un hospital, y Cora, la enfermera que lo atiende. La salud de Pablo decae a medida que avanza el cuento, y a éste lo acompaña una sensación de desgracia inminente. Todos los fuegos el fuego es no sólo una de las mejores colecciones de Cortázar que he leído, sino, en general, una de las mejores selecciones de cuentos que he encontrado.




2. Defensa de Sócrates (Platón, est. 393-389 A.C.)

El juicio de Sócrates, el enigmático filósofo de la Grecia antigua que nada dejó escrito, contado por su alumno, Platón. La actitud crítica de Sócrates había llevado a los sofistas de la época a finalmente acusarlo, en el 399 A.C., de difundir la impiedad (falta de respeto a los dioses) entre los jóvenes a los que educaba. Desde el inicio del juicio, Sócrates deja en claro que el jurado no debería juzgarlo por su capacidad en la oratoria (defecto atribuido usualmente a los sofistas), sino por la verdad contenida en lo que diga. Sin embargo, sus argumentos no son suficientes para convencer a la mayoría del jurado, y se le encuentra culpable por un pequeño margen en la votación. En la corte de Atenas, el acusado era capaz de proponer a los jueces su propia condena: Sócrates propone pagar 100 dracmas, una cantidad de dinero baja, ya que no contaba con más ahorros. Los jueces, irritados por el discurso de Sócrates, no aceptan esta condena, ni los 3 000 dracmas ofrecidos por los amigos de Sócrates, sino que lo sentencian a muerte. Sócrates acepta al condena, jovialmente consolándose en el hecho de que se encontrará con Hesíodo, Homero y Odiseo.

En el diálogo platónico Critón, en el que Sócrates ya se encuentra en la cárcel, esperando su muerte, un adinerado amigo cercano de Sócrates, Critón, le ofrece pagar su huida de la cárcel, pero este declina el ofrecimiento, aduciendo que no estaría actuando de acuerdo con las normas si lo aceptara. Sócrates es el ejemplo perfecto de coherencia entre las ideas y las acciones. ¿Por qué tuvo que morir Sócrates? Para demostrar que la razón prevalece. Entiéndase "razón", sin embargo, en su sentido más amplio, como la capacidad del hombre de elegir, entre los diferentes cursos de acción, aquel que le parece más provechoso para sí y para el resto. Por otro lado, es reconfortante saber cómo los razonamientos de Sócrates toman en cuenta la duda: no toma sus argumentos como absolutos, sino que, sobre ellos, usando la razón, va construyendo, a la manera de andamios, ideas más complejas, de las que no deja de dudar. Esta actitud auto-crítica es, con luces, la misma que usamos actualmente cuando practicamos ciencia.

Defensa de Sócrates fue el primer libro de la Grecia antigua que leí. Probablemente, de no haber sido tan lúcidas las argumentaciones de Sócrates, no me hubiese animado a seguir leyendo a los griegos. Hay también una versión del juicio contada por Jenofonte, que no he leído.

3. El banquete (Platón, 380 A.C.)

Otra de Sócrates, contada por Platón. Esta vez, encontramos a Sócrates y otros notables atenienses de la época, entre los que se encuentra el cómico Aristófanes, reunidos en casa del poeta Agatón, celebrando la victoria de éste en las Dionisias del 416 A.C., el festival de teatro más importante de la Grecia antigua. En este banquete, o simposio, los invitados se encuentran acomodados en sillas y, copa de vino en mano, hablan por turnos sobre el tema fijado por el anfitrión del evento: el amor.

Uno a uno exponen sus puntos de vista sobre el amor, en ocasiones claramente marcados por sus distintas profesiones (hombre de leyes, médico, poeta cómico, etc.). Sócrates, a su turno, recuenta la fábula de cómo hombres y mujeres solían estar unidos en un solo ser que fue separado en dos partes, creándose así los dos sexos, los cuales continuamente buscan reunirse. El tema del amor homosexual se trata con detalle en la conversación: el amor verdadero, según el filósofo, es el amor a la sabiduría. Así, argumenta que, en una típica relación entre un amante (un hombre maduro) y un amado (un joven), no debería prevalecer el componente de placer físico, sino que el amado debería buscar enriquecerse con la sabiduría del amante, y éste con la juventud del amado.

4. Dune (Frank Herbert, 1965)

"Deep in the human unconscious is a pervasive need for a logical universe that makes sense. But the real universe is always one step beyond logic."
- from The Sayings of Muad'Dib by the Princess Irulan

La épica Dune es una de las obras más importantes de ciencia ficción del siglo pasado. En el planeta desértico Arrakis, también conocido como Dune, el joven Paul Atreides, príncipe de la casa Atreides, descubre su papel como líder de los Fremen, el pueblo nativo de Arrakis, que sobrevive en los secos desiertos del planeta. El libro destaca por el gran cuidado y detalle puesto en elaborar las relaciones sociales y políticas entre los diferentes personajes y grupos de poder: destacan la rivalidad entre los Atreides y los Harkonnen, las intrigas por el control de la especia "melange", recurso natural y producto de exportación encontrado únicamente en Arrakis, capaz de prolongar el tiempo de vida de quien la consume, y la lucha de los Fremen contra el imperio. Resumir en un solo párrafo el universo completo de Dune, que abarcó seis libros escritos por Herbert y otras tantas continuaciones a cargo de otros autores, sería no hacerle justicia a la obra. Dune es lectura obligatoria para todo el que le guste el género.


5. On the shortness of life (Séneca, 49)

De Brevitate Vitae es uno de los ensayos morales escritos por el filósofo romano estoico Séneca el Joven (1 A.C. - 65 D.C.), para su amigo Paulino. En éste, Seneca argumenta que el tiempo de vida del hombre no es poco -a pesar de lo que la mayoría opina-, sino que es el tiempo justo para lograr lo necesario y que parece corto porque es desperdiciado:

"It is not that we have so little time but that we lose so much. Life is long enough and our allotted portion generous enough for our most ambitious projects if we invest it all carefully. But when it is squandered through luxury and indifference, and spent for no good end, we realize it has gone, under the pressure of the ultimate necessity, before we were aware it was going. So it is: the life we receive is not short but we make it so; we are not ill provided but use what we have wastefully."

La lucidez de Séneca para tratar temas morales es refrescante. Para él, el único camino seguro para hacer las paces con la mortalidad de uno mismo es la filosofía: ésta no es, entonces, únicamente un intento por explicar el mundo, sino también el medio por el que nosotros, mortales, podemos utilizar la razón para encontrar paz y sentido. Séneca considera, además, que el servicio público es la contribución más generosa que el individuo puede hacer a sus congéneres. Sin embargo, su idea de servicio público no se limita a ser funcionario público, sino que es más general: cada individuo debería tratar de ayudar, dentro de sus habilidades, a su prójimo. En particular, cualquiera que esté familiarizado con la forma racional de ver el mundo debería tratar de enseñársela al resto.

En la edición que leí, estaban contenidos dos ensayos más de Séneca. Consolation to Helvia es una carta muy sentida que el autor, en el exilio, envía a su madre, dándole argumentos de por qué ésta no debería estar triste. De On tranquility of mind rescato, entre otras, la siguiente selección:

"Whether we believe the Greek poet, “it is sometimes even pleasant to be mad”, or Plato, “he who is master of himself has knocked in vain at the doors of poetry”; or Aristotle, “no great genius was without a mixture of insanity”; the mind cannot express anything lofty and above the ordinary unless inspired. When it despises the common and the customary, and with sacred inspiration rises higher, then at length it sings something grander than that which can come from mortal lips. It cannot attain anything sublime and lofty so long as it is sane: it must depart from the customary, swing itself aloft, take the bit in its teeth, carry away its rider and bear him to a height whither he would have feared to ascend alone."

6. Meditations (Marcus Aurelius, 170-180)

"A little flesh, a little breath, and a reason to rule all - that is myself."

Marco Aurelio, emperador de Roma entre 161 y 180 D.C., escribió sus Meditaciones, una recopilación de sus ideas estoicas, mientras se encontraba en campañas militares. Siguiendo la tradición estoica, el autor aboga por evitar la indulgencia en las emociones intensas, de manera que uno, guiado por la razón, se encuentre más o menos libre de los vaivenes del mundo material. En este sentido, los escritos de Marco Aurelio son muy parecidos a los de Séneca. Sin embargo, la estructura es distinta: mientras que Séneca escribió largos ensayos y cartas, Marco Aurelio escribió doce capítulos, cada uno compuesto de un número de "consejos" de alrededor de un párrafo de extensión, sobre diversos temas. Un ejemplo es:

"Repeatedly dwell on the swiftness of the passage and departure of things that are and of things that come to be. For substance is like a river in perpetual flux, its activities are in continuous changes, and its causes in myriad varieties, and there is scarce anything which stands still, even what is near at hand; dwell, too, on the infinite gulf of the past and the future, in which all things vanish away. Then how is he not a fool who in all this is puffed up or distracted or takes it hardly, as if he were in some lasting scene, which has troubled him for so long?"

A Marco Aurelio y a Séneca los leí en una época en que trataba de encontrar una forma de construir una moral no basada en lo divino (¿En qué creen los que no creen? de Umberto Eco también ayudó mucho) y en ellos encontré, más que disertaciones abstractas sobre la bondad de la razón, justificaciones directas sobre su utilidad y recomendaciones prácticas y suscintas sobre cómo vivir una vida de acuerdo con la razón. Mucho de lo que escribieron puede ser atribuido al sentido común, pero no por eso deja de ser valioso leerlo. De hecho, me parece que la filosofía estoica tiene mucho de sentido común y que, en cuanto al aspecto moral, puede bien resumirse en la propuesta del justo medio de Aristóteles: atribuirle a cada cosa la importancia que se merece.

7. Transmetropolitan vols. 1-10 (Warren Ellis, Darick Robertson, 1997-2002)

Ellis comenzó escribiendo títulos más o menos estándar para Marvel Comics (Hellstorm, la línea Marvel 2099, Excalibur, Thor, Wolverine) y luego para DC, Caliber e Image. Sin embargo, es con Transmetropolitan que Ellis da rienda suelta a su capacidad. Transmetropolitan es la historia de Spider Jerusalem, un agresivo periodista gonzo retirado del mundo, que decide regresar a The City para hacerse cargo de una columna denunciatoria. En el mundo cyberpunk del siglo XXIII que Spider y sus "filthy assistants" habitan (la fecha exacta es desconocida por todos) aparentemente ya ocurrió la singularidad: la sociedad está poblada por transhumanos, es decir, personas que deciden incorporar en su código genético características de otras especies o que deciden abandonar su forma física para transferir su consciencia a una nube de nanites. Spider hace su misión personal exponer y deponer al recientemente elegido presidente de EE.UU., un psicópata apodado "The Smiler". A través de diez volúmenes, Ellis construye un personaje principal complejo, un anti-héroe al que no resulta difícil tenerle simpatía. El estilo limpio de Robertson (que dibujó los sesenta números de la serie) encaja perfectamente con el diálogo directo y no-bullshit de Ellis. Transmetropolitan es adictivo, pero es una adicción bienvenida.


8. Of Man (Thomas Hobbes, 1651)


Esta edición, de la serie Great Ideas de Penguin, contiene las partes I, II y IV del Leviathan de Thomas Hobbes, filósofo inglés de los siglos XVI-XVII. Hobbes busca construir una teoría del orden social y, para lograrlo, parte de un análisis de la sociedad desde primeros principios, construyendo los niveles progresivamente más sofisticados de su bestia apoyándose en los más fundamentales. El primer capítulo, Of sense, comienza con

"Concerning the thoughts of man, I will consider them first singly, and afterwards in train or dependence upon one another. Singly, they are every one a representation or appearance of some quality, or other accident of a body without us, which is commonly called an object. Which object worketh on the eyes, ears, and other parts of man's body, and by diversity of working produceth diversity of appearances."

Ahora ven a qué me refiero con comenzar desde primeros principios: Hobbes empieza definiendo lo que quiere decir por "pensamiento"; luego se ocupa de la "sensación" y la "memoria". Tras una serie de definiciones y argumentaciones, llega a plantear una de las primeras teorías del contrato social, basado en una monarquía en la que los súbditos ceden parte de sus libertades al monarca, quien se encarga de disponer de sus vidas.

Dos características de los escritos de Hobbes me llamaron especialmente la atención. Primero, que, a pesar de que el súbdito le debe rendir obediencia al monarca, Hobbes argumenta que esto no impide que, cuando su vida se ve en peligro, haga lo que sea necesario para salvarla, inclusive traicionar al monarca. De forma muy grosa, este es un esbozo del derecho universal a la vida. Segundo, este es el primer intento que he encontrado por construir de forma ordenada una teoría social; el Leviathan de Hobbes se asemeja a un libro de texto moderno de Matemáticas: primero vienen los axiomas y las definiciones, luegos los teoremas y los corolarios. Tal vez tendría que leer la Política y El Capital para estar seguro, pero intuyo que las obras sobre el contrato social son rara vez tan ordenadas.

9. Ilíada (Homero, siglo VIII A.C.)

"Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles, hijo de Peleo [...]." Este es el poderoso comienzo del poema épico más famoso, más leído y uno de los más antiguos conservados (sólo la Épica de Gilgamesh es más antigua, escrita en tabletas de arcilla entre el siglo XIII y X A.C.). Junto con Génesis 1:1 de la Biblia ("En el principio creó Dios los cielos y la tierra"), esta es probablemente una de las frases más leídas en la historia de la literatura.

Ilíada narra los acontecimientos sucedidos durante algunas semanas del último de los diez años del sitio griego de la mítica Troya, a causa del rapto de Helena, esposa del rey Menelao de Esparta, por parte del príncipe troyano Paris. Agamenón, hermano de Menelao, rey de Micenas y caudillo del ejército griego, toma para sí a Briseida, la mujer cautiva de Aquiles, líder de los mirmidones y el mejor guerrero del ejército. Esto suscita la ira de Aquiles, que decide no participar de la batalla contra los troyanos, sino permanecer dentro de su embarcación, junto con los hombres que comanda. La Ilíada está llena de narraciones muy gráficas de episodios heroicos (lanzas que atraviesan torsos y cráneos son comunes), que tienen como protagonistas principales a Áyax, el segundo mejor guerrero después de Aquiles, a Diomedes, al astuto Odiseo, a los Atridas Agamenón y Menelao, al prudente Néstor, rey de Pilos, y a Patroclo, segundo al mando de los mirmidones. Paralelamente al enfrentamiento entre argivos y troyanos, en el Olimpo los dioses apoyan a uno u otro de los ejércitos: Atenea y Hera a los argivos, mientras que Ares y Apolo a los troyanos. Los mismos dioses bajan al campo de batalla y participan, con espada en mano, del enfrentamiento. Al morir Patroclo en manos de Héctor, hermano de Paris, Aquiles decide salir de su confinamiento y entrar a la batalla, matando a Héctor y dando inicio al final de la guerra de Troya.

El mundo de la Ilíada corresponde a lo que Hesíodo llamó, en su Trabajos y días, la era de los héroes, un respiro en la siempre decadente evolución del hombre. Es la época mítica del imaginario colectivo griego, es decir, una edad de bronce en la que aparecen las figuras de los reyes guerreros justos y los enfrentamientos honorables, que servirán como base para el posterior teatro griego. Nociones griegas tan fundamentales como la del destino inalterable, incluso para los dioses, permean la narración. Junto con Odisea, Ilíada es una de las dos piedras angulares de la literatura occidental.

Led Zeppelin supo capturar el sentimiento general de Ilíada en su canción Achilles' last stand. (Letra aquí.)

10. Odisea (Homero, siglo VIII A.C.)

Esta es la segunda gran obra conservada de Homero y es en gran medida una continuación de Ilíada. Odisea narra el viaje de regreso de Troya a Grecia de Odiseo (o Ulises), rey de Ítaca, luego de terminada la guerra de Troya. Al inicio del viaje, Odiseo y su tripulación encuentran la isla del cíclope Polifemo, quien los atrapa e ingiere a algunos de ellos. En su huida, Odiseo deja ciego al cíclope, con lo que se gana la enemistad del dios Poseidón, padre de los cíclopes, quien dictamina que Odiseo no regresará fácilmente a su patria. Más adelante, Odiseo visitaría brevemente el Hades (el infierno griego) y perdería a su tripulación cuando ésta no respeta el ganado sagrado de Helios, el Sol. El largo viaje de regreso de Odiseo demoraría diez años, durante los cuales fue amante de la hechicera Circe y de la ninfa Calipso, quien lo retuvo en su isla durante siete años. Finalmente, Zeus ordena a Calipso que deje ir a Odiseo y éste llega a la tierra de los feacios, hábiles navegantes que lo devuelven a Ítaca, donde, disfrazado como pordiosero gracias a la ayuda de Atenea, elimina a los pretendientes de su esposa, la paciente Penélope, para recuperar su trono.

Son varias las diferencias entre Ilíada y Odisea, descontando la trama. La estructura de la segunda se asemeja más a lo que actualmente conocemos como novela; de hecho, es el mismo Odiseo -y no un narrador externo- quien, habiendo llegado a la tierra de los feacios, narra a la corte, y a nosotros, sus aventuras desde su salida de Troya. Por otro lado, la trama de Odisea contiene menos intervenciones divinas que Ilíada y menos enfrentamientos de escudo y espada, así que termina siendo menos épica que ésta. Esto, por supuesto, no significa que le falten escenas memorables. En particular recuerdo cómo, a la llegada de Odiseo a su antiguo palacio de Ítaca, luego de veinte años de ausencia, lo espera en la puerta del palacio su anciano perro, Argos, quien, tras reconocer al amo devuelto, muere de vejez. El enfrentamiento de Odiseo y Telémaco, su hijo, contra los pretendientes al trono, es también memorable, así como todas las escenas previas al descubrimiento del pordiosero extranjero como el verdadero rey de Ítaca. Odisea es, en fin, la proto-novela del género fantástico.

Muchos y en muchas épocas han sido quienes, basándose en el poema de Homero, han elaborado alguno de sus aspectos. Dos de los poemas más conocidos son Ítaca de Konstantínos Kaváfis y el intenso Ulysses de Lord Alfred Tennyson, cuyo verso final es memorable.

Me parece un lugar apropiado para citar el que, según el Certamen de Hesíodo, obra en la que él y Homero se enfrentan en un concurso de habilidad declamatoria, sería el epitafio de Homero:

"Aquí la sagrada cabeza oculta la tierra, al jefe de héroes, al divino Homero."

11. Preacher vols. 1-10 (Garth Ennis, Steve Dillon, 1995-2000)

Junto a Warren Ellis, Garth Ennis es uno de los escritores de comics más aclamados actualmente, y no sin razón. Se inició con 2000 AD, escribiendo Judge Dredd. Luego tuvo a su cargo Hellblazer, en DC, donde conoció a Dillon, con quien creó Preacher. Ennis y Dillon se encargarían de producir los sesenta y seis números de la serie, en una de las colaboraciones más duraderas del mundo de los comics (similar a la de Ellis y Robertson en Transmetropolitan).

Preacher cuenta la historia de Jesse Custer, un reverendo del centro de los EE.UU. que recibe poderes sobrenaturales y decide buscar a Dios, quien ha abandonado a su creación. No me refiero a una búsqueda espiritual, sino a una real: Jesse busca a Dios para reclamarle su abandono y, en última instancia, para matarlo. En el camino se reencuentra con su ex-novia, Tulip O'Hare, y con un vampiro irlandés, Cassidy, y ambos se convertirán en compañeros de aventuras. Al igual que Ellis, Ennis pone en sus personajes diálogos no-bullshit, que van al grano, pero a la vez los va construyendo lentamente, a través de flashbacks que revelan sus historias, en las que tienen especial importancia las relaciones familiares. El interesante tratamiento de Dios como un ser ególatra, que crea al hombre sólo para que éste lo adore, lo había encontrado antes en el El evangelio según Jesucristo de Saramago. Ennis lo desarrolla con igual maestría.

Preacher es principalmente un libro sobre la búsqueda de sentido en la ausencia del recurso a lo divino. Sin embargo, en medio de peleas a puño limpio, borracheras, amputaciones, y un lenguaje que no se guarda nada, es también un libro sobre la real capacidad que el amor tiene de redimir al hombre, incluso cuando ha pasado por sufrimiento extremo.

12. For whom the bell tolls (Ernest Hemingway, 1940)

"In the night he awoke and held her tight as though she were all of life and it was being taken away from him."
- For whom the bell tolls, ch. 21

La novela cuenta la historia de Robert Jordan, un estadounidense profesor universitario y experto en explosivos, que acude a ayudar al lado republican durante la Guerra Civil Española, es decir, a la facción que se opone a Franco. Escondidos en las montañas, los guerrilleros republicanos esperan el momento justo para destruir un puente que se encuentra detrás de las líneas enemigas. Mientras esperan el día y la hora fijados del ataque, Jordan convive con los guerrilleros y se enamora de María, una joven española que perdió a su familia en la guerra. Jordan evita pensar en el futuro más allá de la detonación del puente; no se permite, sino hasta el final, imaginarse cómo sería una vida junto a María lejos de la guerra. Hemingway construye una serie de personajes bastante unidimensionales, pero los coloca en el preciso lugar para que cumplan su papel en la historia. El único personaje más trabajado, Robert Jordan, es un protagonista valiente, pero melancólico, no por el pasado, sino por un futuro que sabe que probablemente no llegará.

Hemingway escribió For whom the bell tolls en su característica prosa directa, pero usando una forma "españolizada" del inglés, traduciendo expresiones idiomáticas de la España de los 40s directamente al inglés. El resultado es un diálogo en inglés arcaico, que transmite fielmente los "joder" y "la leche" de los montañeses españoles. De Hemingway sólo había leído The old man and the sea, hace unos once años, en el colegio, y recuerdo que me gustó la forma en la que presentaba a su personaje, el viejo pescador, como un hombre fuerte, con un sentido del honor particular. Jordan no es del todo como el viejo -es mucho más vivaz-, pero sí comparte el mismo sentido personal de la responsabilidad que él. Es principalmente por su estoico protagonista por lo que For whom the bell tolls llegó a la lista de los libros favoritos del 2010.

* * *

Bueno, ahí está. Como en toda selección, muchos libros excelentes se quedaron fuera de la lista. Vale la pena mencionar al brillante Invisible man , de Ralph Ellison ("Let man keep his many parts and you'll have no tyrant states"); a ¿En qué creen los que no creen?, en el que Umberto Eco expone las rudimentos de una moral humanista; a William Faulkner, con Absalom, Absalom! y The sound and the fury, novelas góticas ambientadas a mediados del siglo XIX y comienzos del XX en el sur de EE.UU. y que me introdujeron a la técnica del "stream of consciousness" (que no es muy de mi agrado). Del gran Philip K. Dick, leí dos libros emblemáticos: el surreal Ubik y la novela de historia alternativa The man in the high castle, en la que los Aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial. También me di tiempo de leer el primer libro de la obra maestra de Stephen King, The dark tower: the gunslinger, que tiene una de las mejores líneas de apertura que he encontrado: "The man in black fled across the desert, and the gunslinger followed". Mención aparte se merece The epic of Gilgamesh, el poema épico más antiguo conocido, cuyas raíces datan del siglo XX A.C. En las tabletas de arcilla en las que se escribió se encuentran ya todos los elementos que aparecerían después en la épica griega y, eventualmente, en nuestra literatura.

Cierro el post con la misma pregunta que hice al inicio del 2010: ¿qué novela, cuento, ensayo, novela gráfica, colección de poemas, obra de teatro o artículo periodístico que hayan leído en el 2010 recuerdan especialmente?

domingo, 13 de marzo de 2011

Saludos cumpleañeros del 2011

Esto debí postearlo hace un par de meses, pero lo fui dejando, hasta hoy.

Con ocasión de los saludos cumpleañeros a través de Facebook, decidí juntar mis gustos por la estadística de lo cotidiano y por las gráficas sencillas que revelan cosas interesantes y construir una distribución, por horas, de los saludos cumpleañeros. La idea me vino del intento que mi amigo Teppei hizo de calcular la velocidad de rotación de la Tierra a partir de los saludos de cumpleaños que le llegaron. (Como asumió que todos los que lo saludaron, muchos desde distintos países, enviaron los mensajes a la misma hora local del lugar de envío, los resultados no fueron muy buenos.)

Aquí está el histograma de la distribución que obtuve (hagan click sobre la imagen para verla en tamaño completo):


El mismo histograma, pero incluyendo nombres, lo pueden encontrar aquí y aquí.

Un poco de detalle técnico, para el que le interese: las horas de los saludos las obtuve (manualmente) de los mensajes que me llegaron al muro de Facebook, utilicé Mathematica para ordenarlas en bins (cada uno de treinta minutos) y exporté los datos a un archivo de texto para finalmente graficar el histograma usando Grace.

Lo interesante de la gráfica es la presencia de cuatro períodos de actividad bien definidos:

- insomniacs/late sleepers, entre las 00:00 y las 02:30 del día de cumpleaños (no es sorprendente que la gran mayoría en este grupo sean físicos);
- morning greeters, entre las 08:00 y las 11:00;
- lunchtime greeters, entre las 14:00 y las 16:00; y
- home from work, es decir, los que saludaron llegando a casa después del trabajo, entre las 19:00 y las 21:30.

Ahora, estos cuatro períodos están bien marcados en la actividad de Perú, que es el país para el que existe más estadística (69.8% de los saludos provienen de Perú), pero me atrevería a decir que, dado que la mayoría de mis conocidos tiene aproximadamente la misma edad que yo y que muchos compartimos la misma profesión y hábitos de sueño, la distribución debe ser la misma para todos los países. (Tal vez haya excepciones en países con días muy cortos en invierno, donde la gente duerme más temprano, o días muy largos en verano, donde la gente se levanta antes.)

Sería interesante repetir el análisis en los próximos años. Intuyo que a medida que me haga (más) viejo y que lo mismo suceda con los que me saluden el pico de insomniacs/late sleepers disminuirá de tamaño. Además, el uso de smartphones y tablets con acceso a internet desde casi cualquier lugar probablemente tenga como resultado que la distribución se haga más plana.

Por otro lado, Francisco hizo un interesante pie chart con la distribución de los saludos dependiendo del medio empleado (Facebook, Twitter, celular, etc.).

En última instancia, lo más chévere del análisis fue saber que ochenta y seis personas se tomaron al menos treinta segundos para desearme "feliz cumpleaños". Por esto, más que por cualquier otra cosa, muchas gracias.

viernes, 4 de marzo de 2011

Procesadores, Star Wars y Power Rangers

Excusas para no escribir en el blog en los últimos seis meses he tenido varias. Ninguna válida, por supuesto, así que seamos honestos y digamos que el estado de ánimo y la propensión a la escritura sin cuya existencia me es imposible, un domingo por la mañana y en pijama, sentarme a escribir un post nuevo, no han aparecido en estos meses. Lo cual no significa que no haya escrito, sino mas bien que (casi) todo el texto que ha llegado al teclado ha sido del tipo "In Fig. 1 we show our results for the neutrino flavour-transition probability under SUSY running of the mixing parameters, in the context of the Constrained Minimal Supersymmetric Standard Model [23]". Chamba es chamba. (Y la U es la U, como diría El Puma.)

Así que retomemos este espacio, poco a poco -como quien se olvida de cómo tomar agua de un vaso sin hacer ruido y está volviendo a aprender (créanme: es peligroso eso de cuestionarse cosas tan básicas como lo de tomar agua silenciosamente)- y comencemos con algo ligero.

Lector, dirija temerosamente su mirada a la conversación que, a través de comentarios en Facebook, acaeció en las primeras horas del 04 de Marzo de este año, osea, del mismo día en que escribo este corto post. Es una demostración de que (1) la falta de procesadores de computadora disponibles para el trabajo lleva invariablemente a la violencia verbal y (2) los involucrados hemos estado expuestos a dosis dañinas de series japonesas y de Star Wars durante más de dos décadas y media, de manera que, en una pelea en el mundo real (osea, fuera de Facebook), instintivamente buscaremos pokebolas o cartas de Magic para que criaturas fantásticas peleen por nosotros.

(Hagan click sobre la imagen para verla en tamaño completo.)

Oh, the humanity!

jueves, 22 de julio de 2010

Morirse de madrugada

Tengo insomnio crónico. Eso significa que la mayoría de mis días terminan a las seis o siete de la mañana y comienzan unas cinco horas después. Es una mierda, realmente. Y la peor parte no son los dolores de cabeza que a veces aparecen, los intentos infructuosos por apagar el cerebro o la incomodidad de los ojos hinchados, sino los noticieros locales que comienzan a las cinco y media en los canales de televisión nacionales.

Todos los días, sin falta, muere trágicamente un estudiante, una madre joven o un anciano. Las causas son, como es de suponerse, variadas. Las más comunes son las muertes en accidentes de tránsito. En ocasiones el accidente ha ocurrido tan poco tiempo antes del inicio del noticiero que, cuando se transmite el video tomado en el lugar del accidente, aún no han editado las tomas de los cadáveres ensangrentados. No hay semana en la que al menos un bus interprovincial caiga a algún abismo junto a la carretera y se lleve veinte o treinta vidas con él.

Las muertes en incendios también son comunes: hace unas semanas, dos hermanos de menos de diez años murieron calcinados sobre la cama de su cuarto. Un poco más recientemente, una casa del cono sur de la ciudad se incendió con un niño dentro, la madre entró para tratar de rescatarlo, y los dos murieron carbonizados.

Otras veces son asesinatos, por robo o por venganza. Es difícil sacarse de la cabeza la imagen, grabada por una cámara de seguridad, del joven estudiante que abre, como cualquier día, la puerta del garaje de su casa, del carro sin placas que se detiene frente a él, de los tres disparos que recibe y de cómo se tambalea mientras entra, por última vez, a la casa que comparte con sus padres. "Joven ingeniero baleado en la puerta de su casa, se presume venganza". Una semana después -todos los días muere gente nueva- la noticia está olvidada.

También las hay extrañas, como la mujer que murió por tomar el brebaje preparado por el chamán al que acudió con su esposo, en el segundo piso de una casucha en Pachacamac, en las afueras de Lima. Ambos tomaron el preparado y perdieron el conocimiento, pero sólo uno despertó. O la mujer que cayó dentro del pozo séptico de su casa -ahora innecesario pues desde hacía unos meses su casa ya contaba con desagüe- y que murió golpeada por la caída y ahogada en una mezcla de materia fecal y cal. O, por último, el joven trabajador de un edificio de San Isidro que, al intentar limpiar el conducto por donde sube y baja el ascensor del mismo, término quebrado bajo los contrapesos del aparato. Su cuerpo destrozado, ahora de unas cuantas docenas de centímetros de altura, sólo pudo ser retirado de debajo de los pesos luego de remover el panel de vidrio a través del cual los transeúntes pudieron verlo durante toda la operación.

Mientras escribo esto, una mujer ve en las imágenes grabadas por las cámaras de un cajero automático de banco los momentos previos a la muerte de su marido en un confuso incidente con la policía, un hombre espera el cadáver de su hijo de nueve años, muerto ayer bajo las llantas de un camión al tratar de cruzar una pista, otro es sacado, esposado, de una comisaría del interior del país, luego de comprobarse que violó a una niña de catorce años. Unos minutos después se confirma la muerte de un obrero sepultado bajo el derrumbe de una pared de los baños públicos que ayudaba a construir y un reportero inepto pregunta a la madre que golpea sobre el ataúd que contiene el cuerpo de su niño "¿señora, cómo se siente?".

No sé exactamente por qué, pero la muerte, entre las cinco y media y las seis de la mañana, es más triste que durante las horas de luz. Quizá sea la densidad de malas noticias con que bombardean a quien esté despierto a esa hora o mi estado de ánimo luego de las varias horas sin poder dormir, o una combinación de ambas. Veo las noticias de un país todavía pobre, de espíritu y de mente, especialmente de mente, y no puedo evitar sentir pena por él. Finalmente es el lugar en que he nacido y crecido, donde vive mi familia y donde me gustaría vivir algún día. Morirse ya es suficientemente complicado como para tener que aparecer, con sólo encender el televisor, tendido sobre una carretera, cubierto de periódicos ensangrentados, una madrugada cualquiera.

sábado, 15 de mayo de 2010

Taxi

Av. Bolívar, San Miguel, 6 a.m. de un sábado de mediados de Mayo, después de dejar a una pareja de amigos en su casa. En algunos días de inicio de invierno, a esa hora de la mañana, el cielo de Lima no ha tomado aún su característico color gris; es, mas bien, de un celeste bien diluido. Corre un poco de viento y el aire diáfano ayuda a desperezarse. Levanto el brazo y el taxi para frente a mí.

- Buenos días. ¿A la altura de Sedapal? Pasando el puente, a dos cuadras, hacia la derecha -suelto de un solo tirón.

Un hombre de unos 45 años está al volante: pelo corto, bien afeitado, casaca de denim y bufanda. No se le nota cansado: al parecer, recién ha salido a trabajar.

- Hmm... diez soles -me responde el chofer, de trato amable.

- Listo, vamos -respondo antes de subir en el asiento posterior de la station wagon blanca.

El volumen de la radio está un poco alto para mi gusto, tocando alguna salsa que no conozco (lo cual no es sorprendente, porque conozco pocas). No le pido al chofer que baje el volumen. Avanzamos por la Av. Universitaria, en dirección a La Marina, y, llegando al cruce con La Mar, el taxista súbitamente apaga la radio.

- Mira eso -me dice, apuntando con la mano hacia un auto rojo deportivo, detenido delante de una patrulla policial. -Un carro así, a las seis de la mañana de un sábado... el tombo sabe que el chofer no está yendo a chambear, que seguramente recién regresa de salir anoche y que de repente está ebrio. Ahora mira cómo se baja el chofer del auto, va a la patrulla, les deja algo por la ventana y vuelve a su carro. ¡Pendejo! Ser tombo en el Perú es una chamba maldita, loquito. Yo fui policía ocho años de mi vida, los peores ocho años. Por eso te lo digo sabiendo.

- Ocho años, es un montón -es lo único que atiné a decir.

- Ocho años, hermano. Y he visto cada cochinada adentro. Eso no lo muestran. A nosotros nos mandaron de entrenamiento al Medio Oriente. Fuimos veinticinco para allá. Y corría droga como mierda, loco.

- ¿Tanto así?

- Sí, hermano, habían varios que ya eran cocainómanos. Por eso te digo: los peores años de mi vida. Por un tiempo me delegaron a Huachipa, a cuarenta minutos de Lima, así que nos mudamos, toda la familia. Ahí, como máximo, el 10% de la gente tenía secundaria completa; te hablo de secundaria, ni siquiera de estudios superiores. Allá el abuelo tenía hijos con la nieta, el padre con la hija. Era común. A veces los vecinos venían a denunciarlos. Pero mi superior me decía: "Qué quieres hacer; detienes al padre por violar a la hija y la familia se queda sin plata para comer, así que una semana después ves a la hija puteando a la entrada de Huachipa y fácil hasta a la madre; o llega el amante de la esposa, se la tira ya tranquilamente y por ahí también se tira a la hija. Déjalo así, no hay nada que hacer. Si viéramos al pata violentando a la chica, ahí es otra cosa, ahí lo reventábamos." Y, loco, lo peor es que tenía razón. Qué vas hacer en una situación así. ¿Cambiar el sistema? No pues, eso no podíamos.

- No pues, ese problema no tiene solución fácil.

- No, no tiene. Y lo que me decía mi superior era lo que era lógico hacer, era la solución real. Pero yo era policía, hermano. La lógica me podía decir que lo correcto era no hacer nada, pero quedarnos de brazos cruzados era inhumano. ¿Cómo les decía después a mis hijos -tengo dos hijas y dos hijos- que al padre que violó a su hija no le íbamos a hacer nada, para no perjudicar más a la familia?

- Te entiendo, cómo le decías a tus hijos que la opción lógica no era la moral. Jodido.

- Sí pues. El nivel de educación en el país es triste, loco. Los taxistas compran sólo diarios chichas, "Ajá" y "El Trome", y ni siquiera lo leen todo. Yo los he visto. Sólo abren la penúltima página para ver el horóscopo y la última, para ver la calata. A veces buscan avisos de alquiler de carros para taxear. Pero nada más. Ya sabes cómo es: aquí lo que vende es la foto del accidente con la sangre en la pista. La noticia no importa, aquí lo que importa es la foto del muerto, del tipo ensangrentado.

- Eso es herencia del control de la prensa en la época de Montesinos.

- Ah, claro. De ahí viene toda esa basura.

- ¿Y cómo así dejaste la policía?

- Me hicieron dejarla. Pero mejor así. Mira, hace unos años, cuando ya estaba de vuelta en Lima, le pedí permiso a mi superior para ir a un clásico en un día de servicio. Por cuarenta lucas, me dijo que ya. Así que me fui con mis dos hijos, y con un amigo, también policía. Uno de mis hijos es de la U y el otro del Alianza. Cada uno fue con la camiseta de su equipo. Estábamos en La Victoria, caminando al estadio del Alianza y, loco, se nos cruza una barra brava aliancista.

- Ala. ¿Y?

- Al toque mi pata metió a mi hijo menor a una bodega que estaba abierta. Yo ya estaba por meter al otro, el que tenía la camiseta de la U, pero la dueña de la bodega cerró la puerta y bajó la malla metálica. Así que me quedé en la calle, pues, con mi hijo y la turba que avanzaba. Ya nos habían visto y nos gritaban "gallinas" y se iban acercando. A mi hijo lo tenía detrás mío y me decía "¡papá, qué hacemos!". Felizmente había llevado mi [arma] reglamentaria, así que hice dos tiros al aire, los de reglamento, pero desde la turba alguien gritó "¡es de fogueo!", así que siguieron acercándose.

- Pucha, ¿y qué hiciste?

- Uno de los barristas, un mocoso de no más de diecisiete años, vestido con la camiseta del Alianza y con una pañoleta en la cabeza, se acerca a nosotros y se saca de la espalda un machete del largo de un brazo. ¡Un machete, hermano! Comienza a sacar chispas golpeándolo contra la pista mientras se siguen acercando. Por ahí vi una reja y le dije a mi hijo que se trepe. El mocoso con el machete se dio cuenta, corrió hacia la reja y tiró un machetazo hacia mi hijo. Felizmente falló por poco: el machete cayó en la reja y sacó chispas contra el metal de las barras. Casi se lo bajan, hermano.

- Pero tú te quedaste ahí. ¿Qué pasó?

- El mocoso de mierda ahora se estaba acercando a mí, moviendo el machete en el aire. Yo le apunté con la reglamentaria para que se detuviera, pero el huevón siguió avanzando. Me lo bajé, hermano. Un tiro. Y de ahí corrí.

- Mierda.

- Cuando la policía llegó, ya no estaba el cuerpo, ni siquiera la pañoleta quedaba. De ahí se enteró la prensa. "Policía mata a barrista menor de edad". Para eso sí sirve la prensa, ¿no? Para decir que el mocoso era primer lugar en su clase, un buen hijo, y todo eso. Pero el huevón era un pandillero. Y el que se quemó fui yo. Mi superior me dijo: "Aquí hay dos opciones: o te vas tres meses a la cárcel, o pagas la reparación civil". Yo no tenía para la reparación, así que me fui adentro. Tres meses. Adentro la pasé peor que cualquiera de estas basuras.

- Qué jodido ... aquí a la derecha, por favor.

- Ok. A mis hijos los tuve que mandar fuera del país, para protegerlos.

El hombre me miró a los ojos a través del espejo retrovisor.

- ¿Tú crees que tengo el mismo nombre que antes?

No creo ni siquiera que seas la misma persona, pensé.

- Un tiempo después de que salí, me ofrecieron restituirme a la policía, pero yo dije que no. Volver a la misma mierda. No, hermano, ya no. Ocho años fueron suficientes, más todo lo que tuvo que soportar mi familia. De los veinticinco que fuimos de entrenamiento al Medio Oriente, diez están muertos, diez siguen en la fuerza y cinco son delicuentes.

- Qué fuerte. Es aquí, a mitad de cuadra.

Estacionados frente a mi casa ahora, con el motor encendido. Mientras terminamos de conversar, le pago los diez soles de la carrera.

- Sí, hermano. Este país es una mierda en ese sentido. Si una de estas lacras te ataca, te defiendes y terminas matándolo, el que pierde eres tú, aunque sea por defenderte. Por eso, si cualquiera de estas basuras te ataca, mátalo, hermano. No lo dudes. Sin pensarlo dos veces, mátalo. No esperes a la ambulancia. Eso sólo te va a traer problemas. La prensa va a sacar de repente que era un menor de edad, primer lugar, buen hijo y quién sabe qué más. Pero era un pandillero, y lo que quería era matarte.

- ...

- Te deseo lo mejor, loco. Cuídate mucho.

- Tú también, hombre. Que tengas mucha suerte.

El ex-policía extiende la mano, se la estrecho. Lo veo a la cara una vez más antes de bajar. La station wagon blanca parte mientras abro la puerta de mi casa, la veo doblar la esquina.

Entro a casa, mi mamá está despierta.

- ¿Cómo te fue? -me pregunta.

- Ah, bien, bien.

- ¿Por qué te quedaste tanto tiempo en el taxi afuera de la casa?

- Siéntate. Tengo una historia interesante que contarte.

viernes, 1 de enero de 2010

Los libros del 2009

Amo leer. Alguna vez, en una conversación de madrugada acerca de mi insomnio crónico, me preguntaron qué hacía durante todas esas horas de vigilia. Dije que el insomnio es bastante útil cuando uno se obsesiona y quiere avanzar con el trabajo, pero que, sobre todo, leía. Mi respuesta fue, textualmente: leo de forma compulsiva, con miedo de que no me alcance el tiempo para leer todo lo que quiero leer y de que no llegue a conocer algo que me hubiera gustado haber leído. Así que eso hago, de madrugada y de día, mientras voy de un lado a otro de la ciudad, en las pocas ocasiones en las que no puedo evitar esperar o hacer fila, en la cama, en los aviones, en los aeropuertos, en los cafés y sí, también en el baño.

¿Por qué leo? Por varia razones. Primero, porque me entretiene. Segundo, porque me gusta encontrar en los libros ideas que yo también he tenido, pero que el autor ha encaminado por rumbos distintos, o visto bajo otra luz. Tercero, por las ideas nuevas, las muchísimas que no tuve: encontrar una idea simple y poderosa y sonreír para uno mismo cuando se asimila ese pedazo de conocimiento es una de las mejores sensaciones, creo, que el ser humano puede conocer. Cuarto, leo para conocer las experiencias de otros. Hay muchas cosas que yo probablemente no haré (vamos, no creo que escale el Himalaya, me vuelva un vagabundo en Baghdad, o tenga un romance decimonónico), pero que de otra forma no podría conocer. El cine, para esto, es también útil, pero por su misma naturaleza es limitado para construir la psique de los personajes y a veces para transmitir ideas complejas. Y quinto, por un afán absolutamente personal de recopilación de información. A pesar de lo ingenuo del propósito, quiero hacer todo lo que se pueda hacer en una vida: visitar todos los lugares que pueda visitar, probar todas las comidas y tomar todas las bebidas que pueda probar, ver todas las películas que pueda ver y, claro, leer todo lo que pueda leer. La razón no tiene mucho de místico: simplemente creo que, para poder decir algo verdadero e importante sobre el mundo, es necesaria la experiencia. Toda la experiencia posible. Y yo sí quiero decir algo verdadero e importante sobre el mundo. ¿Qué? Pues no sé, pero ahí vamos.

Volviendo al tema, mi lista de lectura usualmente no es muy ordenada, aunque sí paso por períodos en los que sólo leo ciencia ficción, o sólo cuentos, o me dedico a leer sólo a un autor, o a un pequeño grupo de autores. En ocasiones, como sucedió con The Hitchhiker's Guide to the Galaxy o con Maus, leo todos los libros de una colección de corrido, uno detrás de otro. Pero usualmente mezclo géneros, autores, idiomas y temas. Lo que leo depende de mi estado de ánimo, o de cuánto esfuerzo quiero poner en la lectura o, simplemente, de que a veces tengo ganas de leer un buen cuento de Asimov, una novela de la Lima de Vargas Llosa, o la versión de Alan Moore de los crímenes de Jack El Destripador, en formato de novela gráfica. Me gusta pararme frente a los estantes después de haber acabado un libro y buscar entre las filas cuál será la nueva lectura. La única regla con respecto a qué leer es la siguiente: si el libro fue escrito en castellano o en inglés, se debe leer en ese idioma o no leerlo hasta conseguirlo en su idioma original; si el libro fue escrito en cualquier otro idioma, leer la traducción al castellano, si el idioma original es más cercano a éste, o, de lo contrario, la traducción al inglés.

Fiel a la manía de hacer listas, he querido cerrar este año con la lista de los libros que leí en el 2009 y que más me gustaron. Esto significa que el libro me atrapó y sólo pude soltarlo porque (a) tenía que trabajar, (b) tenía que ducharme o (c) me di cuenta de que faltaban dos horas para que amaneciera y tenía que dormir un poco. La siguiente lista contiene libros y novelas gráficas que me interesaron por sus ideas, por el estilo, por los personajes y, en el caso de las novelas gráficas, hasta por el estilo del dibujo.

Los ochenta y seis libros del 2009 pueden verlos en la columna de los cien últimos leídos y van desde El Reino de Este Mundo, de Carpentier, libro sobre el que escribí una entrada en Enero, hasta Novecento, de Baricco, que terminé hace un par de días. Aquí van, en ningún orden en particular, mis doce libros favoritos del 2009:

1. Borges Oral (Jorge Luis Borges, 1978)

Borges Oral reúne las transcripciones de las cinco conferencias que el autor dio en 1978 en la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, cada una sobre uno de sus temas favoritos: el libro, la inmortalidad, Emanuel Swedenborg, el cuento policial y el tiempo. A la inmortalidad como la entiende Borges le dediqué una entrada y encontré la frase de Leconte de Lisle que guardaré para el momento preciso. La cantidad de conocimiento que el cerebro de Borges guardaba era intimidante. Súmenle a eso una imaginación de primera y una capacidad para describir las ideas más complejas sin complicaciones ("Arribo ahora al inefable centro de mi relato, empieza aquí mi desesperación de escritor..."), dejen al hombre hablar de lo que más le gusta y el resultado es este pequeño libro de sus conferencias. Después de sus cuentos, éste es mi favorito de Borges.

2. El Capitán Alatriste (Arturo y Carlota Pérez-Reverte, 1996)

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Así comienza el primer libro de las aventuras del Capitán Diego Alatriste y Tenorio en la Europa de fines del siglo XVI y comienzos del XVII. De Arturo Pérez-Reverte había leído ya La Tabla de Flandes y El Club Dumas, pero es en las aventuras del Capitán Alatriste en las que se luce. El estilo es ágil, a pesar del español antiguo de novela de capa y espada, y encaja a la perfección con una trama llena de excelentes escenas de acción. Las descripciones de Madrid de la época, y de personajes famosos como Quevedo, para quien toda excusa era buena para batirse en duelo, y Lope de Vega, le dan el justo contexto histórico a las aventuras. Hasta ahora hay seis libros publicados, y Pérez-Reverte tiene al menos tres más planeados. El primer libro lo leí durante las noches en la escuela del CERN en Medellín, en Marzo, en aquellas dos semanas que pasé confinado en la estancia de las afueras de ciudad. Los libros 2 al 5 ya están esprando en los estantes de mi casa para ser leídos.

3. Maus (Art Spiegelman, 1986 [vol. 1], 1991 [vol. 2])

Novela gráfica autobiográfica en la que el autor describe la compleja relación con su padre, un judío sobreviviente del Holocausto nazi, a través de conversaciones en las que este último describe su vida antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. En Maus, los nacionalidades están representadas por distintos animales: los judíos son ratones; los alemanes, gatos; los polacos, cerdos; los estadounidenses, perros; los franceses, ranas; etc. Hasta antes de Maus (y de Persepolis, de Marjane Satrapi, que leí casi simultáneamente), mi experiencia con la novela gráfica se había limitado casi exclusivamente al género de acción y superhéroes. Con Maus, Spiegelman muestra el poder de la novela gráfica: al levantar la limitación auto-impuesta de utilizar únicamente palabras para contar historias, las posibles formas de contarlas se multiplican. Aunque, cronológicamente, fue Will Eisner quien se dio cuenta por primera vez de las posibilidades de la novela gráfica, para mí fue Maus, y en menor medida Persepolis, la que tuvo este efecto. Después de Maus, vendría el primer contacto con Eisner (The Contract With God Trilogy), las novelas gráficas autobiográficas como Fun Home, las exploraciones a veces surrealistas de la vida urbana adolescente en Ghost World y Black Hole, y trabajos más experimentales y díficiles de clasificar como Jimmy Corrigan y City of Glass. Pero todo comenzó con Maus. Si alguna vez quieren enterarse qué pasó con los chistes que leían de niños, consigan este libro.

4. Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953)

Este libro me impactó de forma especial, tanto que me llevó a escribir una entrada al respecto poco tiempo después de acabarlo. En el mundo de Fahrenheit 451, los libros están prohibidos y escuadrones de bomberos se dedican a quemar aquellos que sobrevivieron a la gran purga. Los libros -razona uno de los personajes principales- no contienen soluciones para el problema de la infelicidad y, mas bien, terminan frustrando al lector que no encuentra en la vida real aquello que encontró en la ficción. La idea de un distopía en la que la libertad de pensamiento, sensación y acción de los ciudadanos está limitada por mecanismos implementados por el gobierno ya la había encontrado antes, notablemente en Brave New World y The Handmaid's Tale. Lo que diferencia a Fahrenheit 451 de otros libros sobre distopías que he leído son dos aspectos: primero, que el recorte de la libertad nace, no como una medida del gobierno para controlar al pueblo y convertirlo en una maquinaria eficiente, sino del pueblo, para evitar su propia infelicidad y, segundo, que termina en una nota optimista. Fahrenheit 451 debería ser lectura esencial para cualquier ser humano.

5. Animal Farm (George Orwell, 1945)

Alegoría de cómo las revoluciones fallan a causa de la corrupción de sus líderes. En una granja, un buen día, los animales, liderados por los cerdos, deciden agruparse y rebelarse contra el granjero, a quien logran expulsar, estableciendo en adelante un socialismo animal. A medida que transcurre la novela, el ideal de igualdad entre los distintos animales, expresado por la máxima "todos los animales son iguales" es progresivamente minado, se establece una economía cada vez más capitalista, los cerdos se erigen a sí mismos como la clase política, con el resto de los animales constituyendo "el pueblo", y se establecen relaciones económicas con los humanos de granjas aledañas, traicionando así el principio original de no interacción con los humanos. Al final, resulta que "todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros". Orwell, un socialista demócrata, escribió Animal Farm después de su participación en la guerra civil española y como crítica a Stalin durante la Segunda Guerra Mundial. Junto con 1984, también de Orwell, Animal Farm es una de las novelas políticas más importantes del siglo XX.

6. Island (Aldous Huxley, 1962)

Durante toda su vida, Huxley escribió sobre cómo el avance de la especie tendía hacia un orden opresor, con libertades y oportunidades limitadas, creatividad casi anulada y donde los individuos viven dentro de la burbuja en la que fueron condicionados a ver el mundo. En Island, su libro final, Huxley da su particular versión de una solución. Me gusta pensar que el libro es un manual de cómo construir un orden social equilibrado, una especie de prototipo, burdo y a veces ingenuo, de cómo todas las ideas acerca de lo que una sociedad debe ser, pueden ser armonizadas y de cómo el resultado puede funcionar. La acción, es cierto, ocurre en una pequeña isla, Pala, aislada de las grandes potencias mundiales, a las que Huxley critica duramente y presenta como sistemas decadentes, pero la posibilidad de adaptar algunas de las políticas de Pala en el mundo real no me parece descabellada. O, al menos, me gusta pensar que no lo es.

7. The Philip K. Dick Reader (Philip K. Dick)

Dick fue uno de los principales escritores de ciencia ficción del siglo XX. A diferencia de Asimov (otro de los escritores de ciencia ficción más importantes del siglo pasado), la de Dick es una ciencia ficción que se encarga menos del avance tecnológico y más de la distinción entre lo real y lo que no lo es (en este sentido, se parece a Borges y a Cortázar). Como resultado, sus novelas y cuentos tienen claros tintes surreales, con finales abiertos y, en ocasiones, con revelaciones sorprendentes. Para esto, su experiencia con el abuso de drogas, a veces alucinógenas, fue muy útil. The Philip K. Dick Reader es una colección de veinticuatro de sus mejores cuentos, incluyendo varios que han sido adaptados al cine, notablemente We Can Remember It For You Wholesale (adaptada al cine como Total Recall, 1990) y The Minority Report (adaptada en el 2002). Dick es lo más cercano que he encontrado a la demencia en papel.


8. Flowers for Algernon (Daniel Keyes, 1966)


Publicada primero como historia corta en 1959, Flowers for Algernon ganó el Premio Hugo, el más importante en ciencia ficción y fantasía, en 1960. La versión novelada, publicada seis años después, ganó el Premio Nebula de ese año. Flowers for Algernon es la historia de Charlie Gordon, un hombre con una deficiencia mental (C.I. de 68) que se somete a un tratamiento quirúrgico para elevar su capacidad intelectual, operación a la que el ratón de laboratorio Algernon fue previamente sometido, con éxito. La novela, escrita en forma de entradas en el diario de Charlie, documenta el progreso tras la operación: a medida que la operación hace efecto, se nota una mejora en la ortografía, un enriquecimiento del vocabulario y, paralelamente, niveles más profundos de reflexión. Cuando el C.I. de Charlie alcanza 185, ya ha aprendido varios idiomas y leído cientos de libros y, como consecuencia, se ha dado cuenta de lo limitado del conocimiento humano y de la incapacidad de los expertos de conectar áreas del conocimiento que son disconexas únicamente en apariencia. Sin embargo, a pesar de su gran crecimiento intelectual, la experiencia emocional de Charlie sigue siendo la del ser infantil que era al inicio. Flowers for Algernon es una novela sobre el autoconocimiento, sobre la emoción de la búsqueda del conocimiento, la libertad que ésta trae y la soledad que implica y, hasta cierto punto, sobre la capacidad del afecto para redimir.

9. Death of a Salesman (Arthur Miller, 1949)

Una de las obras de teatro más intensas que he leído. La historia del final de la decadencia de Willy Loman, vendedor de 63 años, es épica. Loman se niega a aceptar la realidad: que está muy viejo para continuar trabajando como vendedor, que sus hijos no son los hombres que él cree, que, en fin, es suficiente el carisma de una persona para que tenga éxito en la vida. La caída de Loman simboliza la caída del sueño americano. No la he visto puesta en escena, pero hay por lo menos siete adaptaciones al cine. La de 1985, con Dustin Hoffman en el papel de Willy Loman y John Malkovich en el de uno de sus hijos, Bill Loman, es aparentemente la más fiel a la obra de teatro.


10. The Character of Physical Law (Richard Feynman, 1964)


Feynman dijo alguna vez: "Physics is like sex: sure, it may give some practical results, but that's not why we do it". Miembro del Proyecto Manhattan, Ganador del Premio Nobel en Física en 1965, desarrollador del lenguaje actual de la teoría cuántica de campos y percusionista de bongo, el personaje de Feynman es uno de los más populares entre los físicos. Su capacidad para entender y explicar utilizando lenguaje simple es legendaria. The Character of Physical Law es la transcripción de las siete conferencias que Feynman dio en 1964 como parte de las Messenger Lectures en Cornell.

El mismo Feynman explica el tema de sus conferencias de la manera más clara:

"There is also a rhythm and a pattern between the phenomena of nature which is not apparent to the eye, but only to the eye of analysis; and it is these rhythms and patterns which we call Physical Laws. What I want to discuss in this series of lectures is the general characteristic of these Physical Laws; that is another level, if you will, of higher generality over the laws themselves. Really what I am considering is nature as seen as a result of detailed analysis, but mainly I wish to speak about ony the most overall general qualities of nature."

11. The Martian Chronicles (Ray Bradbury, 1950)

La historia de la conquista de Marte, como la imaginó Bradbury. Ambientada originalmente entre 1999 y 2057 (la reedición de 1997 avanzó todas las fechas en 31 años), las historias cortas que componen este libro narran desde los primeros y fallidos intentos de los humanos por establecerse en Marte, su encuentro con la raza de marcianos nativos que los toman por dementes hasta el eventual establecimiento de las primeras colonias humanas, todo enmarcado dentro de una civilización terrestre decadente, que ve en Marte la oportunidad de un nuevo comienzo. Las historias revelan más acerca de la condición humana que lo que uno esperaría de un libro de ciencia ficción, y su final espeluznante pero esperanzador es tan relevante hoy como lo fue cuando se publicó la novela hace casi sesenta años.


12. Understanding Comics: The Invisible Art (Scott McCloud, 1993)


Un comic sobre comics. Un análisis del género, con explicaciones de por qué el lector se identifica con las representaciones simplificadas de los personajes de un comic, cómo se controla la percepción del tiempo usando las viñetas, cuáles son los diferentes tipos de secuencia que se pueden construir usándolas, las diferencias entre el comic estadounidense, europeo y japonés, la elección del nivel de simbología utilizado y varios otros temas. Excelente lectura para cualquier persona interesada seriamente en el género del comic, o "arte secuencial", como lo llamó el maestro Will Eisner. Understanding Comics ha sido uno de los libros de no-ficción más agradablemente sorprendentes del año.







Hubieron varios libros más en el 2009 que me gustaron. Catch-22 me pareció hilarante y profundo; A Clockwork Orange, extrañamente clara; Crash, inquietantemente desagradable (o desagradablemente inquietante); His Master's Voice, la contraparte perfecta del Contact de Sagan. Una mención muy especial se la lleva la colección de comics de The Sandman, de Neil Gaiman; el personaje de Dream of the Endless es uno que se queda en el subconsciente aún después de cerrar el libro.

La pregunta, estimados, si han llegado hasta el final de este post, es: ¿qué novela, cuento, ensayo, novela gráfica, colección de poemas, obra de teatro o artículo periodístico que hayan leído en el 2009 recuerdan especialmente? (Y si fue antes, pero igual lo recuerdan, vale también.)